Soy un títere, desgastado, sucio y maloliente,
mi vida es una cantaleta, todo el mundo la sabe:
comer, dormir, trabajar...
Mi jefe me mueve a su antojo,
¡Qué se cree esa cara de pato!
Todo el día
me da lata
y lata de amonestaciones.
No soy
un clásico empleado adulón que a todo le dice sí.
Yo soy hoja
que vuela libre como el viento,
y mi país un tacho en el que todos tiran
lo que no les sirve,
como las normas, por ejemplo.
Yo no creo en nadie,
me como un helado cuando me apetece,
y un ceviche
con los amigotes del barrio,
me pongo la camisa desabotonada,
y miro la cara del cielo estrellada.
Para cárcel ya está buena
la oficina,
con esa compañera con cara de bocina
que me fastidia,
pues bota chisme y chisme a cada rato.
¡Hum!
Esta vida, este país,
me saben a fruta podrida,
sus gobernantes solo están para engordarse la panza.
Me faltan dos años para jubilarme,
pero yo solo me adelanto la juerga,
pues de repente no llego
y me voy del zapato de la vida antes.
Con este virus correteándonos por todos lados
y con la gran cantidad de delincuentes
que se desparraman como hormiga,
uno nunca sabe, en qué momento estirará la pata.
¡Cuánto te extraño Lucha!
La vida ya no tiene el mismo sabor
sin tus ojos de ternura,
ahora solo vivo por vivir,
me acomodo a lo que venga, pues,
trabajo, bebo y me divierto,
¡Y con mi plata por si acaso!
No le debo nada a nadie.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú[/center]


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